Rotura Fibrilar, ¿qué es?
Nuestros músculos están formados por un gran número de fibras, dispuestas longitudinalmente a lo largo de todo su recorrido, que se contraen o se relajan conjuntamente o por separado, por lo que pueden sufrir más unas que otras. Estas fibras musculares, aunque fuertes, resistentes y muy elásticas, pueden romperse y cuando eso ocurre, estamos frente a una Rotura Fibrilar o Rotura de Fibras.
Del mismo modo que con las contracciones excéntricas, más exigentes que las concéntricas para el músculo, realizadas durante un entrenamiento con mucho recorrido cuesta abajo. La zona de unión músculo tendinosa suele ser la más afectada pues es dónde las fibras sufren más intensamente la tensión de la contracción.
Prevención y recuperación de la rotura fibrilar: Para prevenirlas, solo tenemos que tener esto presente y practicar deporte con cabeza, y para “curarlas”, el agua con azúcar queda claro que no sirve, no se conoce otro método que el de practicar el mismo ejercicio que las provocó pero a una realizado a una menor intensidad, eso nos asegura un aumento del riego sanguíneo local y por tanto del metabolismo en la estructura que limpiará la zona de residuos, disminuirá el edema y acelerará la cicatrización. La crioterapia (frío local) y los masajes suaves poco profundos ayudarán también en el proceso de recuperación y acelerarán este, pues un músculo con agujetas se encontrará debilitado y lento durante un periodo que puede llegar a las dos semanas, con la consiguiente merma en el rendimiento deportivo.
¿Por qué se produce? Normalmente por un esfuerzo intenso o muy brusco (arrancada, frenazo, salto o cambio de ritmo o de dirección por ejemplo) más allá de la capacidad del músculo, aunque también favorece notablemente su aparición que el músculo esté contracturado, débil y con un metabolismo disminuido ya que va a ser más propenso a “romperse” que uno sano, hidratado y elástico. Claro que un traumatismo directo sobre el músculo también puede romperlo.
En una fase más avanzada de la lesión la rotura da lugar a una cicatriz hipertrófica, desordenada y retráctil como todas las cicatrices, y pasaremos de notar en la palpación una depresión a notar un bulto.
Tratamiento: Lo primero es parar cualquier actividad física, buscar atención médica con urgencia e intentar no demandar la estructura hasta que nos valore el grado de lesión. Si es una rotura muy extensa el arreglo será quirúrgico pues, al igual que en una fractura ósea, los extremos de la rotura están muy alejados y mediante la operación han de acercarse para que suelden bien.
A partir de los 10-15 días posteriores, y si la cicatriz se ha empezado a formar, el masaje aplicado por el terapeuta será poco a poco más fuerte y profundo y así ayudará a evitar adherencias y retracciones propias de toda cicatrización para, finalmente, reelastificar la estructura y que esta no vuelva a darnos problemas pues en caso contrario, aparecerán molestias, contracturas y nuevas roturas provocadas por esas retracciones y adherencias que impidan el correcto funcionamiento del músculo. Así mismo el terapeuta comenzará un trabajo de estiramientos muy suaves en un principio, muy progresivos, y con sumo cuidado de no abrirnos de nuevo la cicatriz, por lo que es recomendable que nos los realice con esta ya formada para poder estirarla bien y eliminar el acortamiento longitudinal que se habrá producido.
Prevención: Descansar suficientemente, hidratarnos correctamente, llevar una dieta equilibrada, calentando antes y enfriando después del ejercicio, estirar habitualmente y tener claro lo que podemos y no podemos hacer a nivel deportivo nos ayudará bastante a la hora de prevenirlas.
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Información redactada por Angel Morales (Técnico especialista en masaje deportivo) para Carrerasdemontana.com
